Y es que casi me lo creo. Durante un momento de fijarme poco en el robot en sí, me ha parecido real, pero en una mirada más exhaustiva del invento, he podido darme cuenta de la ilusión. Ya me parecía raro a mí que con unas patas tan débiles la silla se mantuviera tan estable.

Es una buena idea para el próximo carnaval. Vía Gizmodo.